Una triste noche de Domingo.

Algunas noches son tristes por naturaleza, de esas noches en las que al coger el lápiz y el papel ni tan siquiera yo mismo tengo idea de lo que quiero escribir o de lo que pretendo sacar con todo esto. Simplemente sentarse a escribir por el hecho de que parece ser tan natural para mi que quizás, pretenda encontrarle sentido a lo que no lo tiene una vez que las palabras logren salir de mis manos para plasmarse en el papel. En algunas ocasiones basta con sentarse en silencio para darse cuenta de que todo avanza, de que queramos o no, desde nuestra primera bocanada de aire; hasta la última, el lento discurrir de los segundo no va a detenerse para nosotros en ningún momento. Es difícil escribir sobre la sensación que se siente cuando faltan las palabras, cuando el silencio parece hacerse poco a poco eterno sin que realmente uno sepa como ha comenzado, supongo que podría sentarme al teclado y escribir que estos últimos meses han sido una mierda, que todo parecía empeorar a cada paso y que pese a intentar levantarme demasiadas veces he terminado por aceptar a no conseguir lo que quiero, a que las cosas vayan mal sin remedio casi como si detrás de cada decepción se encontrase parte de mi destino. Después de todo, tras un par de golpes puede resultar sencillo; casi natural, el dejarse llevar. Realmente resulta curioso ver como poco a poco a uno le puede invadir un fuerte deseo de abandonarlo todo, de perderse inexorablemente en el paso de las horas y lograr así escapar de esta inmensa locura de la que poco a poco; sin saber realmente como, he pasado a formar parte. Son cientos los momentos, las personas que han pasado por nuestras vidas y tan sólo unas pocas dejarán huella en nosotros, tan solo un puñado logrará volver a nuestro recuerdo, otras sin embargo tan sólo serán para nosotros estrellas fugaces, breves lapsos de tiempo que únicamente nos servirán para dotar de consistencia a una realidad que apenas parece poseerla. Realmente puede resultar complicado el identificar a que tipo de categoría pertenecen cada persona, cada par de labios nuevos. Puede que la persona que ahora continua su camino lejos del nuestro fuese el amor de nuestra vida o simplemente sea una anécdota más reflejada tras la tinta, pero sea como fuese uno debe continuar, las cosas que tienen que suceder terminaran sucediendo y resulta inútil sentarse a esperar, después de todo nada puede evitar que sigan pasando los días o que la gente siga sonriendo por la calle, en realidad para la mayoría de las personas la noche de hoy es una noche cualquiera, pero para mi resultará inevitable justo antes de cerrar los ojos el preguntarme si realmente algo de toda esta mierda llegará a tener sentido alguna vez, simplemente pensar en que me ha tocado la parte más complicada de todo esto del corazón, de la estrategia de disminuir la distancia entre dos, pero incluso en esas noches tristes en las que el tráfico y un café malo no pueden arreglar nada, basta tan sólo con mirar a tu alrededor para darte cuenta de que todos estamos realmente perdidos, de que en el fondo tan solo necesitamos encontrar a alguien al que aferrarnos como pequeños náufragos en este inmenso continente. Es difícil pensar cuando uno se siente bloqueado y no sabe bien el motivo, intentar encontrarle solución a algo cuando uno no llega a comprender exactamente que es lo que marcha mal. Hermann Keyserling escribió una vez “La vida es un constante proceso, una continua transformación en el tiempo, morir y renacer”, supongo que a momentos como este son a los que se refería el bueno de Hermann cuando escribió esas palabras, en definitiva el mundo se trata de eso, de aprender a que por mucho que nos esforcemos por capturar algunos momentos, uno ha de dejarlos morir, sentimientos que se transforman lentamente; incluso antes de nace pueden tornarse extraños para nosotros con cierta facilidad. A veces las cosas salen mal o simplemente los renglones se tuercen y resulta complicado lograr que nuestras historias recuperen la cordura, las cosas no siempre terminan cuando lo deseamos; ni en el momento más oportuno. De repente una noche te das cuenta de que todo ha cambiado a tu alrededor, de que el mundo parece haber continuado su curso mientras nosotros nos parábamos para reflexionar. En un momento las personas o los sentimientos desaparecen mientras otras ocupan su lugar, personas a las que hemos disfrutado ingenuamente, ahora se transforman en recuerdos lejanos, recuerdos tan lejanos que parecen no haber sucedido nunca.A veces es complicado saber si algo está apunto de empezar o si por lo contrario le quedan pocas horas de vida, para dejar morir algo basta simplemente con no ha de hacer nada, con sentarse a escribir.

Willian Burroughs se pasaba horas practicando la escritura mecánica;sin pensar en lo que escribía, simplemente dejando que la copa de whiskey y su cigarro de marihuana al lado de la mesilla, le indicasen el camino correcto para que sus pensamientos comenzasen a cobrar sentido, hoy he copiado su estrategia para intentar entender una tragedia más en mi vida, una que esta vez ;como tantas otras , realmente nunca ha llegado a suceder.

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