Trabajo Consumo

Tema

Percepción social ante legalización y comercialización del cannabis.

Búsqueda de financiación

Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad del Gobierno de España.

Justificación de la investigación e interés del proyecto

Según estudios de la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción, un 52,1% de los españoles se mostrarían favorables a la venta de cannabis a los adultos, frente a un 44,4% que siguen mostrándose contrarios a la legalización. Ese apoyo de la sociedad española a la legalización del cannabis, se produce en un contexto, en donde, países como Uruguay, Holanda, Brasil, Puerto Rico, Portugal, Israel, Jamaica, Corea del Norte, Croacia, México, República Checa, Canadá y también, diversos estados de Estados Unidos, ya cuentan con legislaciones que con diferentes fórmulas, permiten el consumo; sea de forma lúdica o terapéutica, la tenencia o incluso la comercialización del cannabis en sus territorios. Además, países como Irlanda o Dinamarca, ya estudian formulas para encarar el mismo camino. En nuestro país, con una tendencia al alza en el consumo de cannabis entre la población, y un vacío legal que deja dicho consumo en manos de mafias que se dedican al tráfico ilegal de drogas; con el posible peligro de adulteración de la sustancia, además de la desinformación en torno a su consumo, partidos como Ciudadanos, Podemos o ERC, plantean la legalización con diferentes condicionantes del cannabis en España, mientras que PSOE, dispuesto a abrir el debate y PP contrario a tomar tal medida, no parecen tener dicho debate entre sus prioridades, aunque sí admiten la necesidad del mismo.

Otro factor a tener en cuenta, para la realización de este estudio, es el componente económico de la legalización del cannabis. Si bien los factores negativos del consumo de marihuana en la economía española, se encuentran ya presentes en forma de cuidados sanitarios prestados a  los consumidores de dicha droga o las perdidas económicas que para el estado supone la economía sumergida fruto del tráfico de drogas. Una posible legalización del cannabis, abriría una nueva vía de regularización del mercado de dicha droga, con el control impositivo que eso supone, así como nuevas posibilidades en en el campo del estudio de la atención sanitaria a sus consumidores, que previsiblemente, darían frutos, en forma de una mayor eficacia en los recursos dedicados al tratamiento y prevención del consumo del cannabis. El estado estadounidense de California, supone un claro ejemplo, de una institución política, que ha visto en la legalización de un ya real consumo de cannabis entre sus habitantes, una oportunidad para reglamentar su consumo, al tiempo que abre la vía para con ello, obtener nuevas fuentes de financiación en un contexto de crisis económica.

Con todo ello, la necesidad de un estudio que trate la posible legalización del cannabis en España, las formas en las que se podría producir el mismo, así como el pulso social ante esa posibilidad, resulta sin duda, una necesidad institucional acuciante.

Pregunta inicial

¿Sería positiva socialmente la legalización del cannabis en España?

Hipótesis

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Lo siento mujer

Supongo que todo pudo comenzar la primera vez que tu madre te compro una muñeca en lugar de aquel coche que tanto te gustaba, en las miradas raras cuando quisiste jugar al fútbol, las broncas con aquel primer novio por aquella minifalda “demasiado corta”, los celos, los mal entendidos los sábados por la noche, el primer puta, los anuncios denigrantes, los “piropos” a destiempo, la falta de ayuda en casa, los golpes, la talla 36 como canon de belleza, los tacones en la oficina, las miradas lascivas de aquel desconocido, el acoso por un aborto, el miedo a volver sola a casa. Tu sexo…su sexo. 

En nuestro país viven 23.695.618 mujeres, faltan 90 de ellas que han sido asesinadas durante este último año fruto de la violencia machista. Algunas, como Mariana Carmen Radú de 43 años, habían denunciado; otras no, quizás por miedo a la represalia o simplemente por temor a ser incomprendidas en una sociedad que tantas veces mira para otro lado cuando la sangre aún no se ha derramado en su suelo. De esas mujeres, una será violada cada 8 horas, doce de cada cien sufrirán malos tratos a lo largo de su vida  y seguramente la totalidad de ellas, vivirá de una o de otra manera la inmensa variedad de formas en las que la sociedad y los que en ella nos encontramos, discriminamos a una mujer por el simple motivo de su sexo. Vivimos en una sociedad con toda una red de conductas interiorizadas desde nuestra más tierna infancia para hacerlas sentir distintas, muy probablemente inferiores. Como podría sino explicarse una sociedad, en la que más de las mitad de los adolescentes le dice a sus novias con quién puede hablar, en donde se sigue juzgando a las mujeres por su sexualidad o en donde son necesarias leyes, en tantas ocasiones violadas, para garantizar la paridad en los puestos de responsabilidad de nuestras empresas o nuestros gobiernos.

Vivimos en una sociedad profundamente patriarcal, en donde 18 denuncias falsas de un total de 130.000 por violencia machista en 2015, sirven para jugar a la ambigüedad a tantos de sus cargos políticos. Una sociedad en donde el miedo llega a condicionar la vida de la mitad de sus habitantes y en donde la justicia, en demasiadas ocasiones, no se encuentra al lado de la víctima. Techos de cristal todavía vigentes e inalterables, marcados en su curriculum junto a su sexo y quién sabe si como inmensas estrellas amarillas cosidas en sus vaginas o sus pechos. Símbolos invisibles pero latentes de la discriminación de una parte vital de nuestra sociedad. Genocidio silenciado en tantas partes del mundo y escasas políticas más gestuales que comprometidas para lograr su fin.

Triste una sociedad que dice criar a mujeres libres e independientes, pero que las abandona a su suerte en un mundo que todavía no está preparado para ellas. Un mundo que no nos cría en la igualdad, sino en la diferencia. En donde a los sentidos silencios de protesta, les siguen los recortes en algo que realmente, en el fuero interno de la política, no se considera prioritario. Ningún otro tipo de terrorismo gozaría de la impunidad de la que goza el terrorismo machista, ningún otro genocidio lograría silenciarse al igual que silenciamos el lento gotear de la muerte de nuestras mujeres. Sin duda, supone para nosotros como sociedad, pero también como individuos particulares, una revolución pendiente.

Existen cientos de motivos por los que uno debiera encarar la lucha feministas: por ética, por solidaridad, por necesidad, por amor, por deuda con quién le dio la vida o simplemente por justicia. Por ver al fin en los ojos de la próxima generación de mujeres, las esperanza en unos ojos en los que todavía hoy, se ve tantas veces reflejado el miedo.

mujer

Autor: @SeijoDani

Recuerda que como parte de la ley de memoria histórica y en recuerdo de la activista medioambiental Berta Cáceres,te agradeceríamos que dedicases un segundo a firmar esta petición para cambiar al recuerdo del fascismo de las calles de A Coruña,por el nombre de la activista medioambiental. 

https://www.change.org/p/xulio-ferreiro-calle-berta-c%C3%A1ceres-en-a-coru%C3%B1a

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Llamada a la tristeza.

Cuando el teléfono sonó en el viejo cuarto de la pensión en donde se alojaba, supo perfectamente quién se encontraba en el otro lado de la línea. Pocas personas tenían su número en aquella ciudad, y ninguno de ellos lo llamaría a esas horas si no fuese para algo realmente importante. Así que cuando descolgó el teléfono, ya sabía que su amigo Carlo había muerto. El cáncer lo había vencido y el no podía hacer nada, nadie podía hacer nada por el. Sin embargo eso no impedía que se sintiese culpable, que sintiese como una profunda tristeza lo invadía por ver como otra cosa importante se perdía en su vida.

Encendió la pequeña lampara que estaba al lado del teléfono y mientras dejaba que sonase una vez más;tan solo una vez más, como si eso pudiese aletargar la tristeza, saco el último cigarrillo de una sucia y solitaria cajetilla de Malboro que estaba encima de la mesa y con sumo cuidado, casi como si fuese lo último que le impidiese perder el control, le prendió fuego.

Justo antes de descolgar el teléfono supo que nada iba a ir bien a partir de entonces. Creyó en ello como uno puede creer en su equipo de fútbol, en Jesucristo o en las palabras de una bella mujer. Las cosas empeorarían por momentos y dentro de el se acumulaba esa extraña sensación que mezcla el miedo,el dolor y la desesperanza.Una sensación que por experiencia, sabía que podría llegar a tumbar a un hombre. Sólo que esta vez, las drogas no funcionarían y el alcohol tan sólo suponía una ayuda para retrasar el dolor. La muerte de su padre, el recuerdo del sujetador vació de Maria encima de la cama durante esa misma semana y ahora esa llamada. Parecían ensombrecer el ambiente de la pequeña habitación sin ventanas en la que se alojaba, haciendolo casi irrespirable. Tras coger aire con un último esfuerzo, logro descolgar el teléfono al tiempo que inhalaba una última calada de nicotina hacía el interior de sus ya cansados pulmones.

<<David….,soy Nerea. Carlo ha muerto hace un par de horas>>

Tan solo pudo recordar esas palabras; aunque quizás hubo alguna triste despedida antes de colgar el teléfono, estaba seguro de que tenia que haberla escuchado.Aunque ya no pudiese recordarla. Supongo que no hacen falta demasiadas palabras para hablar de la muerte, en realidad es simple e inevitable.Pero otra cosa es el dolor de los que se quedan y eso iba a ser complicado. Lo supo inmediatamente y como si un rayo atravesase su alma rezo con todas sus fuerzas, aunque no fuese creyente. Aunque nadie pudiese escucharlo por muy alto que lo hiciese, simplemente rezó. Rezó porque terminase aquella mala racha., Rezo por su amigo muerto, por el triste sujetador vacío reposando en aquella pequeña habitación de un motel de Los Ángeles, pero sobretodo rezo porque le aguantasen las fuerzas. Por poder levantarse un día más aunque no supiese le motivo.

Realmente hacía tiempo que no sabía muy bien para que se levantaba de la cama, sin embargo continuaba haciendolo día tras día arrastrado por una extraña inercia que le impedía huir de la desgracia diaria que para el suponía el simple contacto de sus viejos zapatos con el suelo. Sabía perfectamente sin la necesidad de salir que ahí fuera; en la ciudad, la vida era tan triste como en el pequeño cuarto en el que se encontraba. La gente perdía sus trabajos, sus casas, sus vidas y sin embargo eso no lo consolaba. Podía sentir lástima de si mismo, pero no de los demás. El resto parecían dispuestos a vivir, pero el ya no se encontraba seguro. En realidad no era la muerte de su amigo, ni la de su padre lo que lo arrastraba a esa sutil decadencia, tampoco era el amor. No era nada de eso y al mismo tiempo lo era todo.

Por un momento, pensó en sentarse delante de la máquina de escribir, para intentar volcar toda aquella tristeza en un papel en blanco. Como se suponía que hacían los escritores de verdad, esos a los que solo conocía a través de las hojas de sus libros y que sin embargo eran las únicas personas a las que respetaba y sentía cercanas ahora, en aquella soledad. Como si el dolor encerrado en aquellas tapas esparcidas ahora por el suelo de aquel cuarto, entre restos de alcohol barato, sudor y semen fuesen lo más cercano a la realidad que poseía en esta vida. Pensó en intentar escribir sobre su dolor, sobre la vacuidad de su vida y su sin sentido. Incluso llego a imaginarse un triste poema sobre la soledad, sobre su dolor y su tristeza y sin duda era lo mejor que había imaginado en su vida. Pero sabía que no sería capaz de activar las teclas necesarias al llegar al papel, no era más que otro joven escritor sin la suficiente miseria; sin vida suficiente, como para escribir sobre el dolor de la misma y esa era precisamente su trágedia. Demasiado triste para lo común y demasiado común para la grandeza literaria. Un repudiado más en la generación de la decadencia humana. Una decadencia tan física como espiritual que los llevaba a temer a la soledad como sus padres habían temido anteriormente a la bomba atómica.

Tras tambalearse durante unos segundos, fruto de la confusión y los primeros tragos de la tarde, camino un rato por la habitación hasta sentarse en el escritorio. Pero no delante de la máquina de escribir, hacia tiempo que no se sentaba delante de ella y no es que fuese uno de esos que se pasan los días en los bares perdiendo el tiempo. En realidad ya no sabía cuando fue la última vez que había entrado en un bar. Sin embargo la habitación estaba llena de botella vacías y restos de comida rápida comprada en alguna de esas tiendas regentadas por obreros chinos que dedican su vida al trabajo. Sentía autentica envidia y odio por aquellos malditos asiáticos esclavizados sin apenas el suficiente tiempo como par percatarse del dolor de la vida. El no era un borracho social, solo los que no están lo suficientemente tristes son bebedores sociales. El resto se conforma con una botella y un cuarto en donde refugiarse mientras espera a que la bomba atómica aterrice de una vez sobre todos nosotros.

Intentó recordar la última conversación con Carlo, mientras llenaba una sucia taza; rescata de alguna parte del suelo, de vodka. Recordó sin duda que había sido sobre mujeres, todas las conversaciones entre ellos dos terminaban siempre siendo sobre mujeres. Era indiferente que comenzasen hablando del combate de la noche anterior o de la racha de victorias de los Giants. Antes de que alguno de los dos se decidiese a irse, la conversación se había desviado sin lugar a dudas al tema de las mujeres.

A Carlo se le daba bien hablar de mujeres. Nunca había tenido una pareja seria, pero probablemente en los últimos años se hubiese acostado con más mujeres que el resto de su amigos juntos. Quizás ese fuese precisamente el atajo para no tener problemas con ellas. Era todo lo contrario que el. A el le gustaba el sexo como a cualquier hombre o probablemente más aún si eso era posible. El problema era que siempre solía encariñarse de las mujeres menos adecuadas. Si una mujer despechada o simplemente con ganas de lastimar a alguien se encontraba a menos de unas manzanas de distancia.Sin duda antes de que el último bar cerrase ,terminaría compartiendo su cama y tarde o temprano eso terminaría destrozandole el corazón. No podía negar que lo hubiese pasado bien entre decepción y decepción, pero eran ya pocos los sitios de su viejo corazón en los que las mujeres podían dejarle de nuevo una cicatriz de la que recuperarse.

En esa última conversación Dave y Carlo habían discutido sobre la última decepción de Dave con una mujer. Se llamaba Maria. Maria era una chica guapa, de esas con las que cualquier hombre en su sano juicio se giraría por la calle al verla pasar. Tan solo los verdaderos imbéciles dejarían a sus ojos mirar a otro lado si ella se interponía en su camino. Además de eso ;era una chica simpática, incluso cariñosa. Pero desde un principio Dave tenía claro que las cosas no iban a salir bien.Como una extraña sensación que recorría su cuerpo cada vez que se encontraba con una chica así, y sin duda en su vida habían sido muchas. Pese a todo Dave lo había intentado y ahora menos de un mes después y tras la muerte de su padre se encontraba totalmente destrozado sin poder saber muy bien el motivo, aunque sin duda la perdida de su padre y de Maria tenían mucho que ver en sus continuas borracheras. Desde hace unos meses había estado bebiendo mucho durante todas las noches, al principio se lo planteo como una necesidad después de que su padre cayese enfermo, como algo intrínseco al dolor.Pero tras su muerte y pese a tener a Maria en su vida, sus borracheras no se habían interrumpido y eso ayudo a que la perdiese a ella también. Tras eso, sus borracheras no hacían nada más que empeorar y si no fuese por la cocaína que compraba a alguno de esos negros en la calle, no hubiese podido ni mantener su trabajo. No es que aquel miserable trabajo de reponedor en un almacén le preocupase demasiado.Pero sabía que si perdía una cosa más en su vida, por pequeña que esta fuese no podría soportarlo más. No podría soportar afrontar ni un solo día más en aquella maldita ciudad con aquella maldita vida que llevaba.

Carlo había estado hablando durante horas con Dave de las mujeres, de Maria de que uno debe apartarse pero nunca rendirse.En realidad no creía que Maria tuviese nada que ver, no había llegado a amarla realmente. Pero también sabía que en su vida, el amor podía llegar a doler incluso cuando no llegaba a existir.

Ahora Dave, mientras vaciaba la botella de vodka mirando a una sucia pared, recordaba esas palabras y no podía para de pensar en que pocas semanas antes de morir.Su amigo,había perdido su tiempo dandole consejos sobre el amor. Dandole consejos sobre como uno debe de intentar ser feliz antes de poder plantearse hacer feliz a otra persona. Esas palabras se grabaron en su cabeza mientras las últimas lagrimas que derramaba por el se secaban en su rostro.

Sin apenas pensarlo demasiado, tiro la botella de vodka contra la pared y viendo como el líquido y los cristales se derramaban por el suelo como lo hacían los últimos restos de su vida y la tristeza de aquella solitaria ciudad.Comenzó a guardar sus escasas pertenencias en una vieja maleta de cartón que guardaba desde hace algún tiempo, caso como esperando el momento adecuado, encima del armario. Un par de prendas y unos libros eran todo lo que le ataban a esa triste ciudad a aquel triste trabajo como reponedor en un almacén y aquella oscura habitación en la que se había refugiado durante los últimos años.

Hoy no acudiría a su trabajo, hoy no iba a seguir viviendo aquella triste vida. Después de todo el aún tenía un piernas con las que huir y pese al poco talento que tuviese en sus dedos también poseía unos con los que poder escribir su huida, que demonios incluso tenía una firme polla con la que masturbarse o salir a buscar a otra mujer. Después de todo, tal y como dijo su amigo no existe otra opción que nadar contra corriente para intentar ser feliz y en este frío río nunca sabes cuando te vas a poder volver a encontrar.

A un buen amigo que incluso con su muerte ha querido dejarme

un mensaje de lucha.Pase lo que pase, siempre en mi recuerdo. DEP 

 

 

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Una triste noche de Domingo.

Algunas noches son tristes por naturaleza, de esas noches en las que al coger el lápiz y el papel ni tan siquiera yo mismo tengo idea de lo que quiero escribir o de lo que pretendo sacar con todo esto. Simplemente sentarse a escribir por el hecho de que parece ser tan natural para mi que quizás, pretenda encontrarle sentido a lo que no lo tiene una vez que las palabras logren salir de mis manos para plasmarse en el papel. En algunas ocasiones basta con sentarse en silencio para darse cuenta de que todo avanza, de que queramos o no, desde nuestra primera bocanada de aire; hasta la última, el lento discurrir de los segundo no va a detenerse para nosotros en ningún momento. Es difícil escribir sobre la sensación que se siente cuando faltan las palabras, cuando el silencio parece hacerse poco a poco eterno sin que realmente uno sepa como ha comenzado, supongo que podría sentarme al teclado y escribir que estos últimos meses han sido una mierda, que todo parecía empeorar a cada paso y que pese a intentar levantarme demasiadas veces he terminado por aceptar a no conseguir lo que quiero, a que las cosas vayan mal sin remedio casi como si detrás de cada decepción se encontrase parte de mi destino. Después de todo, tras un par de golpes puede resultar sencillo; casi natural, el dejarse llevar. Realmente resulta curioso ver como poco a poco a uno le puede invadir un fuerte deseo de abandonarlo todo, de perderse inexorablemente en el paso de las horas y lograr así escapar de esta inmensa locura de la que poco a poco; sin saber realmente como, he pasado a formar parte. Son cientos los momentos, las personas que han pasado por nuestras vidas y tan sólo unas pocas dejarán huella en nosotros, tan solo un puñado logrará volver a nuestro recuerdo, otras sin embargo tan sólo serán para nosotros estrellas fugaces, breves lapsos de tiempo que únicamente nos servirán para dotar de consistencia a una realidad que apenas parece poseerla. Realmente puede resultar complicado el identificar a que tipo de categoría pertenecen cada persona, cada par de labios nuevos. Puede que la persona que ahora continua su camino lejos del nuestro fuese el amor de nuestra vida o simplemente sea una anécdota más reflejada tras la tinta, pero sea como fuese uno debe continuar, las cosas que tienen que suceder terminaran sucediendo y resulta inútil sentarse a esperar, después de todo nada puede evitar que sigan pasando los días o que la gente siga sonriendo por la calle, en realidad para la mayoría de las personas la noche de hoy es una noche cualquiera, pero para mi resultará inevitable justo antes de cerrar los ojos el preguntarme si realmente algo de toda esta mierda llegará a tener sentido alguna vez, simplemente pensar en que me ha tocado la parte más complicada de todo esto del corazón, de la estrategia de disminuir la distancia entre dos, pero incluso en esas noches tristes en las que el tráfico y un café malo no pueden arreglar nada, basta tan sólo con mirar a tu alrededor para darte cuenta de que todos estamos realmente perdidos, de que en el fondo tan solo necesitamos encontrar a alguien al que aferrarnos como pequeños náufragos en este inmenso continente. Es difícil pensar cuando uno se siente bloqueado y no sabe bien el motivo, intentar encontrarle solución a algo cuando uno no llega a comprender exactamente que es lo que marcha mal. Hermann Keyserling escribió una vez “La vida es un constante proceso, una continua transformación en el tiempo, morir y renacer”, supongo que a momentos como este son a los que se refería el bueno de Hermann cuando escribió esas palabras, en definitiva el mundo se trata de eso, de aprender a que por mucho que nos esforcemos por capturar algunos momentos, uno ha de dejarlos morir, sentimientos que se transforman lentamente; incluso antes de nace pueden tornarse extraños para nosotros con cierta facilidad. A veces las cosas salen mal o simplemente los renglones se tuercen y resulta complicado lograr que nuestras historias recuperen la cordura, las cosas no siempre terminan cuando lo deseamos; ni en el momento más oportuno. De repente una noche te das cuenta de que todo ha cambiado a tu alrededor, de que el mundo parece haber continuado su curso mientras nosotros nos parábamos para reflexionar. En un momento las personas o los sentimientos desaparecen mientras otras ocupan su lugar, personas a las que hemos disfrutado ingenuamente, ahora se transforman en recuerdos lejanos, recuerdos tan lejanos que parecen no haber sucedido nunca.A veces es complicado saber si algo está apunto de empezar o si por lo contrario le quedan pocas horas de vida, para dejar morir algo basta simplemente con no ha de hacer nada, con sentarse a escribir.

Willian Burroughs se pasaba horas practicando la escritura mecánica;sin pensar en lo que escribía, simplemente dejando que la copa de whiskey y su cigarro de marihuana al lado de la mesilla, le indicasen el camino correcto para que sus pensamientos comenzasen a cobrar sentido, hoy he copiado su estrategia para intentar entender una tragedia más en mi vida, una que esta vez ;como tantas otras , realmente nunca ha llegado a suceder.

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